Cuando me refiero a inversiones productivas, estoy dejando de lado a las inversiones especulativas o netamente financieras. Hay una gran diferencia entre ellas, más que nada dado por un trasfondo moral, o para no ser tan drástico, diría entorno colaborativo. Las inversiones especulativas se miden sólo en retorno sobre el capital, en cambio las productivas, si bien buscan un retorno, las mismas tienen otros componentes que las diferencia de las especulativas y las hace más complejas y atractivas.

Cualquiera sea la finalidad de nuestras inversiones, como, por ejemplo: – para no inmovilizar nuestros excedentes; – diversificar nuestros activos; – Asegurar un retiro o jubilación, o cual fuere, debemos contemplar mucho más que números al hablar de inversiones productivas, las que llamamos, de capital emprendedor, o en startups.

El hecho de apostar una ficha a una Startup, con socios a quienes conocemos poco, en un sector en el que que tenemos poca experiencia, y con retornos esperados volátiles y riesgosos, para ello, debemos tener en cuenta que hay algunos intangibles a tener en cuenta para poder valorar bien la ecuación. Uno de los factores a tener en cuenta es la relación que vamos a establecer con nuestros socios y equipo de trabajo, el cual es proporcionalmente directo, es decir, más involucramiento con el equipo, mayor conocimiento adquirido.

Los conocimientos que uno adquiere con sus inversiones, por lo menos para mí, tienen mayor valor que un MBA. Relacionarse con los fundadores y el equipo de una Startup, es una construcción continua de relaciones y conocimientos. Involucrarse a través de lectura de reportes, reuniones formales e informales, implica, no sólo empezar a entender desde el lenguaje que los emprendedores utilizan, sino también familiarizarse con el innovador el formato de negocio que tienen en sus cabezas, a donde lo quieren llevar sus Startups tan alto como la exponencialidad se los permita.

Generalmente los socios tecnológicos son jóvenes que manejan nuevas herramientas para comunicarse y para gestionar sus negocios. A la vez, son más abiertos y colaborativos. Entienden perfectamente que la visión de un par o un inversor, puede ser un elemento válido para tener en cuenta y crecer, por eso están dispuestos a escuchar. Pero lo más llamativo, son, la velocidad que se mueven y los repentinos que pueden ser sus cambios.

Desde el punto de vista de los conocimientos, recuerdo que antes de involucrarme al ecosistema me costaba encontrar libros interesantes para leer. Hoy no me alcanzaría la vida para ver, leer o escuchar todos las charlas TED, Ebooks, Podcasts, Audiolibros, Blogs o Artículos sobre negocios, mechados con Desarrollo Personal, Autobiografías y hasta Filosofía.

El ecosistema es un universo de oportunidades no sólo para invertir en forma privada o corporativa, es una forma de desarrollarse profesionalmente, más cuando uno cree que no hay nada nuevo en la faz de la tierra. Cada semana que pasa, me sorprendo con cada nueva propuesta, y veo que hay mucho más de lo que uno de puede imaginar, tanto en los emprendedores como en sus mismos ideas.