Muchas startups se conforman espontáneamente desde una idea, una solución a un problema, o un equipo que fundadores con gran afinidad sobre una tecnología. Es decir, pueden juntarse unos compañeros de la Universidad en torno a una idea, o tecnología en común. La realidad es que terminan conformándola 3 potenciales CTOs (con perfil netamente técnico), sin tener en cuenta las demás aspectos que serán claves para desarrollador una empresa.

Hay áreas claves del negocio que no pueden ser ocupadas por ellos mismos, por desconocimiento o falta de interés. También es difícil exigir a los fundadores con perfil técnico que sepan de Finanzas, Marketing, Managment, etc. El caso más complejo es cuando uno de los fundadores no tiene el suficiente liderazgo para poder aunar los esfuerzos de su equipo o tener el suficiente liderazgo para llevar adelante la visión conjunta.

Haciendo una analogía com una banda de Rock, casi siempre se llama al vocalista, líder de la banda, en el escenario o fuera de él. En una startup, el líder debería ser quien tenga la visión empresaria y las aptitudes para transformar su idea de negocio en una empresa, y lograr que todo su equipo pueda estar alineado con el mismo objetivo común, y cada uno entienda en qué posición debe jugar para que no haya superposiciones, por un lado, y zonas descubiertas, por otro.

Generalmente los emprendedores agotan sus recursos financieros en la primera instancia, para el lanzamiento del proyecto. Es común recurrir después a los recursos de los llamados 3F (Family, Friends and Fools), o bien, podrán a salir a buscar un inversor para hacerse de recursos y poder explotar la idea. Pues, la decisión de elegir a un inversor no es menor, ya que este podrá ser tan productivo como condicionante a futuro para la startup.

En estos años he visto varios, por no decir muchos emprendedores que, ante el desconocimiento o falta de experiencia, toman la inversión del primer inversor que se presenta, sin considerar los pros y contras del mismo. La necesidad de fondos es imperiosa para continuan y les resulta tentadora cualquier oferta. Para no perder la oportunidad que se les presenta de ser invertidos, dan demasiadas concesiones, las cuales los van a terminar condenando su futuro.

El caso más común, y de hecho el más perjudicial para el emprendedor, es ceder más del 50% de la participación accionaria o Equity en la Startup. Este es un error muy grave y el cual no tiene salida. Es literalmente, “tirarse un tiro en el pie”, ya que a poco avanzar, no pueden hacerlo en esas condiciones, por falta de libertad de acción y poder de decisión. El emprendedor pierde motivación desde el inicio, y se les dificulta llegar a la siguiente ronda, la cual la pondrá en peores condiciones en términos de Equity cuando se diluya más su participación accionaria.

La ambición de algunos inversiones tratando de tener mayoría accionaria en una etapa tan incipiente es una condena los fundadores. Muchos inversores no se ponen en los zapatos de los fundadores, sólo en los suyos, y desde una concepción arcaica de los negocios, que no es actual win/win, sino que sabotean la idea, destruyen su potencial de crecimiento del negocio.

Las startups necesitan de inversores que aporten mucho más que dinero, necesitan inversores que puedan ayudarlos a visualizar el máximo potencial del proyecto, que les “abran puertas”con sus relaciones y conexiones, que les aporten conocimientos sobre la gestión de una empresa, y que se paren en la misma vereda que están parados los emprendedores para que juntos puedan llevar su empresa a otro nivel.