Cuando me propuse, hace un año, renunciar a la dirección de los negocios familiares, no estaba pretendiendo hacer otra cosa que tratar de salir de mi zona de confort. Pretendía, de alguna forma, dejar se hacer todos los días lo mismo y sentía que me estaba atascando en mi desarrollo personal y carrera profesional. No sentía que podía seguir creciendo en la organización familiar donde estaba, por un lado, y por el otro, no tenía para aprende se ella.

La llaman zona de confort por que es un lugar donde estamos cómodos y muy acostumbrados a estar, en algún punto, es una zona donde se cubren nuestras necesidades aparentes. La contracara es que no puede limitar nuestro crecimiento personal. Dentro de dicha zona en imposible ampliar nuestras fronteras y quedamos presos de nuestro propio bienestar.

La zona de confort nos da una cuasi seguridad. Un ejemplo muy claro se da a nivel laboral, cuando uno tiene un trabajo el cual no le llena del todo, pero no renuncia a él por temor a no saber que hacer después, o tener que enfrentarse a una forma a un futuro incierto. Por eso, vamos por lo seguro, que, en este caso, es cobrar el sueldo cada mes sólo por hecho de trabajar en forma rutinaria. La realidad es que tenemos miedo de salir de la zona de confort porque le tenemos miedo al fracaso y no queremos arriesgarnos a quedar expuestos.

Miedo al fracaso:

«Si no cometes errores, es que los problemas con los que estás lidiando no son lo suficientemente difíciles. Y ése es un gran error.»

FRANK WILCZEK, Premio Nobel de Física en 2004

No es un mito que se aprende más de los errores que de los aciertos. Lo importante es que cada error que cometemos nos deje una enseñanza, es decir, sepamos aceptarlos y reflexionar sobre ellos para poder evolucionar, es decir, para no volver a cometerlos. Como dice el dicho; si no puedes fracasar, no puedes aprender.

Lo importante es que un tropezón no es caída. Los errores como tales, nos deben dar lecciones. No deben quitarnos la energía, ni hacernos perder el espíritu emprendedor. Tomemos la enseñanza de los errores y sigamos intentando.

Cómo salir:

Dar el paso para salir de la zona de confort es cuestión de actitud, es asumir el desafío y saber aceptar las consecuencias. Hoy puedo decir, después más de un año que puse sacar los pies de la zona de confort que fuera de ella encontré más confort. Se preguntarán: Para qué salir si afuera hay más de lo mismo, Confort?. La respuesta está en los límites que impiden nuestro crecimiento. Un león dentro de una jaula o un león en medio de la selva, en ambos casos se trata de un león, pero la vida del mismo animal es completamente diferente en los distintos entornos.

Algo que ayuda:

Todos los años a fin de año, es momento de hacer balances en nuestras vidas, ver en qué medida hemos cumplido los objetivos que nos habíamos planteado para el nuevo año, aunque periódicamente debemos hacer ajustes y correcciones del proceso de arribar a los mismos. Déjenme decirles una cosa, no sólo nos debemos desafiarnos, o proponernos cosas a hacer, sino también debemos tener claro que es lo que NO queremos hacer y debemos evitar.

Seguramente encontrarán algunas actividades que les molestan y quieren dejar de hacer, las cuales podrán notar que, casi todas, están dentro de su zona de confort. Por lo tanto, cuando escribas tus objetivos a realizar, no dejes de escribir aquellos que cosas a las que quieres renunciar, o que actividades que no están alineadas a tu esencia como persona, y quieres abandonar.

Si al eje central tampoco lo tienes muy claro, recomiendo que te hagas 2 preguntas que a mí me resultaron claves:

1- ¿Qué es lo que me gusta hacer y hasta me apasiona?

2- ¿En qué actividad me considero bueno para desarrollarme?

Por mi lado, siempre me gustó poder ayudarle a la gente a superarse. Y también me he considero capaz de desarrollar negocios por lo que decidí enfocarme en ser mentor y ángel inversor.