Las autobiografías son útiles para conocer las experiencias de las personas que recorrieron un camino y, en ciertos aspectos, son motivadoras para seguir el ejemplo, o bien, para aprender de los errores ajenos.

Uno a los 50 años de replantea muchas cosas y después de muchos años se enfrenta a una situación evolutiva en su vida que lo lleva a plantearse como encararla. Yo lo hice este año y logré tomar decisiones fundamentales para empezar a recorrer un nuevo camino en lo que queda de mi vida. Esto me llega a dejar el cargo de director en las empresas familiares para empezar a ser inversor, mentor y asesor de emprendedores.

Recorriendo este camino, me he dado cuenta que, a través de los fundadores de startups puedo proyectar mi espíritu emprendedor, desde un rol que no me exige tanto compromiso horario en el día a día, pero sí un gran compromiso con los resultados de la propia evolución del negocio. No es momento para arrepentirse de tiempos pasados, pero a veces creo que debería haber hecho este cambio 10 años.

Por otro lado, la forma de trabajar está cambiando mucho en estos días, y lo va a seguir haciendo. La mayoría de los países venimos arrastrando una educación obsoleta, ligada a la cultura del trabajo, que viene desde la Revolución Industrial. Desde hace varias generaciones casi se nos obliga a estudiar alguna carrera universitaria para poder “ganarnos” la vida trabajando.

Otro concepto que veo perimido es la ecuación, aún básica para mucha gente, que decía que mientras más duro trabajabas, mejor te iba o más ingresos generabas. Hoy la gran diferencia en la generación de valor, desde el punto de vista de la actual era del conocimiento, en relación a la anterior era industrial, lleva a pensar que el factor tiempo termina siendo relativo.

Hoy nos estamos enfrentado, no, a una nueva revolución, sino a múltiples revoluciones, las cuales podríamos llamar: La revolución del conocimiento, La revolución de los intereses personales sin descuidar el entorno, La revolución moral, La revolución del tiempo libre, La revolución de la nueva condición humana, La revolución de los nuevos valores sociales, entre otras. Todas tienen en común, que los valores e intereses propios de cada persona empiezan a tener más peso que nunca.

Hoy más que nunca debemos tener la capacidad de forjar nuestro propio destino, o bien, ser nuestros propios líderes. Para ello, debemos conocernos y valorarlos, y conocer nuestras capacidades e intereses para poder desarrollarlos y mejorarlos. Es importante, tener claros nuestros sueños y ser conscientes de nuestras limitaciones. También debemos poder establecer nuestros propios objetivos, para poder trabajar para poder alcanzarlos.

El saber hacia dónde vamos, o bien, que queremos conseguir de nuestras vidas, no es tarea menor. Mucha gente no lo sabe, ni si quiera se lo cuestiona, pero, cuando no podemos pensar o planificar nuestro destino, otro lo hace por nosotros, lo cual no es conveniente, ya que seguramente terminaremos trabajando más por su beneficio que por el nuestro, además de ello, perdemos nuestra autonomía y nuestra libertad.

Cómo me retiré a los 50 años

Cuando volvíamos de veranear allá por febrero sabía que volvería a la rutina, esto implicaba volver a la rutina, ir a la oficina como todos los días, tener que luchar con los mismos problemas laborales, y en ese momento mi cabeza se empezó a negar. El hecho de estar de vacaciones es como llevar a los chicos al parque de diversiones, al momento de decirles que debemos irnos, seguramente se resistirá, como yo me resistía a volver al trabajo.

Recordaba que ya eran muchos los años trabajando en la misma empresa, con la misma gente, en el mismo mercado, casi 25, haciendo lo mismo, pensaba que no debería tolerarlo toda la mi vida. Por que no podía hacer un cambio ?. A mí el Status Quo nunca me sentó bien, siempre pretendí evolucionar y crecer, tanto en forma profesional como corporativo, pero sentía que todo a mi alrededor funcionaba en otro ritmo, a una lentitud insoportable.

Las empresas familiares que estaba dirigiendo venían teniendo un gran desempeño, crecimiento y utilidad constantes desde hacía 25 y 20 años respectivamente, ya que eran 2. Negocios sólidos y estables en un país como Argentina, es demasiado pedir, diría un logro. Pero pese a funcionaban perfectamente, que ya no me generaban desafíos, no sólo por los mercados en que estaban inmersos, sino también por la gente involucrada. Necesitaba renovarme.

Antes de renunciar, también pensaba en mis socios familiares, en las reuniones semanales, que debíamos retomar, iba a empezar a escuchar las mismas críticas y desconformidades. Mis socios me transmitían el temor a seguir invirtiendo, a seguir innovando y seguir creciendo. Es sabido que, como en las empresas los costos fijos son crecientes, sino crecen terminan quebrando. Pero más allá de eso, a mí me gustaba sentir de adrenalina de asumir desafíos, de no estancarnos y evolucionar.

Cuando se aproximaba el lunes, día que los chicos empezaban las clases. Para mi también es el comienzo del año, porque el año escolar condiciona tu rutina laboral, tu ritmo de trabajo y tu vida. En ese momento dije, “hasta acá llegué, me planto”. Y le anuncié mi retiro a mis socios familiares. Quizá fue un poco infantil de mi parte, pero no estaba dispuesto a acompañar a nadie en la transición. La realidad, es que se me había pinchado la cabeza y necesitaba dar una vuelta de página.

No dedo desconocer ni negar mis orígenes en la empresa familiar. He heredado negocios familiares a los cuales fueron una base para hacerlos crecer y multiplicar. La verdad es que nunca tuve la angustia que no me alcanzara la plata para llegar a fin de mes, y soy agradecido por eso, por la tranquilidad que significa estar liberado para poder crear y generar ideas. La estabilidad económica no es un tema menor, cuando a uno el agua le llega al cuello, no piensa nada más que en su subsistencia.

Esta base económica no sólo me permitió desarrolla los negocios, sino también, permitió mi desarrollo profesional, porque gracias a que tenía alguna capacidad de ahorro, pude realizar algunas inversiones mientras trabajaba en el grupo familiar pensando en que algún debía lograr la deseada libertad financiera. No está de más decirlo, es cuando lo ingresos pasivos superan los gastos. Por ingresos pasivos se entienden a aquellas inversiones que dan renta sin necesidad de gestionarlos. Esto se construye por años, con educación financiera o conducta. O ambas cosas a la vez. Esto lo voy a profundizar en el capítulo de educación financiera.

Como dije que el proceso nos puede llevar años, el planeado retiro antes de tiempo tiene sentido si hicimos bien este trabajo. Es decir, apostamos a que en nuestra adultez (para mí implica tener más de 50 años), podamos tener una buena calidad de vida, lo cual no implica dejar de trabajar, sino trabajar de otra forma, con menor carga y menores responsabilidades en el día a día. Esto debería ser parte de nuestra evolución como profesionales.