Unos de los libros que más a influido en mi transformación es “La semana labora del 4 horas” de Timothy Ferriss. Para mi fue inspirador, lo leí justo en el momento que estaba experimentando cierto estancamiento laboral y profesional desde hacía un tiempo y me ayudo a ver el camino del cambio más claramente.

Después de 20 años de trabajar en una empresa familiar, prácticamente había logrado automatizar la mayoría de las operaciones, buscaba en forma permanente actividades más productivas para realizar, pero el sistema en el que estaba inmerso pretendía imponerme la cultura del trabajo, que recién, como consecuencia de esta pandemia de está empezando a cuestionar.

Sin duda que mucha gente trabaja de lo mismo o haciendo siempre la misma actividad por una maldita costumbre. Más allá de, como se dice, ganarse la vida trabajando, el  problema común es que pretenden llenar con el trabajo un vacío que las relaciones y las actividades fuera de él no consiguen llenar. Como resultado, trabajan para matar el  tiempo y hacen su trabajo super improductivo.

El hecho de estar ocupado suele ser un pretexto para evitar algunos temas o situaciones incómodas, las que no quieren afrontar y sólo las postergan. Además, el hecho de dedicarle muchas horas a una actividad improductiva, no la hace a esta más productiva.

Hay gente que, aún siendo propietario de un negocio o empresa, adopta la cultura de trabajo de 9 a 5. Este horario es una mera costumbre, lo que ha llevado a determinar un estándar incomprensible de medir resultados de gestión o por volumen y no por resultados. La realidad es, que, como tenemos 8 horas que llenar, llenamos las 8 horas, si tuviésemos 15 horas para trabajar, llenaríamos las 15.

Esas personas que trabajan por trabajar se engañan a ellos mismos y al resto. Seguramente, los primeros años, al iniciar su empresa tuvieron que trabajar más de la cuenta para hacer despegar su negocio, pero no implica que lo tengan que hacer para siempre. Porque, como dice Ferriss, “nuestra cultura recompensa el sacrificio personal en lugar de la productividad personal”, por ello, debemos concentrarnos en ser productivos, no en estar ocupados.

Delegar para liberarse

Hay personas a las que le cuesta mucho delegar porque creen que nadie puede hacer el trabajo mejor que ellos, pero lo que no entienden, es que están limitando el crecimiento de su empresa, ya que los empresarios que pretenden estar encima de todo, son el mismo cuello de botella de la organización y su capacidad física e intelectual es el mismo condicionante para que la empresa crezca y evolucione.

Otro factor muy común es ver que muchos empresarios no delegan por desconfianza. Creen que estando presentes toda la jornada, los empleados o colaboradores les robarán y no tendrán fugas. En este caso, ser empresario pasa a ser una verdadera condena. Como dice el dicho, “El ojo del amo alimenta el ganado”. Si bien hay negocios que por su giro son muy demandantes para los dueños, pero tal vez con procedimientos claros y automatizados, este tipo de negocios, llamados dolores de cabeza, podrían ser mucho más llevaderos con una buena gestión.

El objetivo de delegar es liberar tiempo para dedicarnos a cosas mayores y mejores, pero para poder delegar, debemos conceder a los empleados o colaboradores mayor información y otorgarles capacidad de decisión. Esto implica más que nada, confianza. Debemos ser un poco más abiertos y descubriremos que la gente es más inteligente y capaz de lo que creemos, sólo tenemos que darles la posibilidad de demostrarlo. De nuevo, debemos fijar reglas claras y procesos de control para evitar la mayor cantidad de imprevistos o situaciones indeseadas.

Reuniones y Zoom

También he visto que muchas horas de trabajo se llenan con reuniones o llamadas  improductivas, promovidas por los mismos superiores o jefes. La finalidad de las reuniones debería ser tomar una decisión sobre una situación previamente establecida, no definir el problema. Esto implica que cada reunión deba tener prefijada claramente una orden del día para ser seguida y una duración estimada, pasado dicho tiempo sólo debemos levantarnos e irnos.

Las llamadas por Zoom, aunque no sea la única herramienta existente de ha llevado el nombre de las famosas reuniones remotas, han hecho que no sólo seamos más eficientes a la hora de hablar, fijar temas de discusión previamente, sino que ha hecho a las personas más puntuales y más eficientes, ya que se ha disminuido drásticamente el tiempo perdido para movilizarnos entre un lugar físico y otro. La ventaja del Zoom es que migramos de reunión con un par de clicks.

Tanto los empresarios como los trabajadores están notando el gran beneficio de evitar tantos traslados y, como gracias a la Pandemia descubrieron herramientas tecnológicas que antes pensaban que no estaban al alcance de ellos, o no iban a funcionar en determinados negocios, pero la necesidad los llevó a evolucionar en la forma de trabajar y en nueva maneras de relacionarse y reportar, los cuales van a quedar instalados en mayor o menor medida en nuestra cultura del trabajo.