Por una cuestión de legado familiar, me auto impuse mi carrera profesional, por ello mis primeros 25 años de mi vida laboral estuvieron relacionados al mundo del Agro, en particular, de las semillas hortícolas, negocio que compartía con mi familia. Cuando entendí que había tocado techo en mi gestión, es decir, no creía que pudiera aprender del negocio ni del sector, y sentía de mi parte que no tenía más valor para agregar, tomé la decisión de salir del negocio para adentrarme en el negocio del capital semilla, que a pesar del nombre, nada tenía que ver con el anterior.

Sin saber que así llamaban a este tipo de inversiones en capital de riego, empecé mis primeras inversiones en el ecosistema emprendedor local a través de Incutex, una Company Builder de Córdoba – Argentina. Esta fue mi puerta de entrada al mundo de las empresas de base tecnológica. Allí empecé a conocer los distintos jugadores del sector, a entender la dinámica de las startups, la rutina de los emprendedores, la necesidad de levantar capital, y por otro lado, la forma que se invierte en ellas.

A diferencia de las inversiones tradicionales, a las cuales considero meras especulativas, a través de la banca de inversiones, que involucran fondos de inversión, acciones, bonos, títulos públicos, etc., las inversiones de capital emprendedor, como también de las conoce, tienen un gran diferencial en cuanto al involucramiento personal de los inversores, ya que a estas hay que ponerles más el cuerpo, y también el espíritu, ya que la evolución de estas son más que un número, son un verdadero sentimiento.

La analogía del nombre, ya que ambos negocios involucran semillas, aunque con una acepción totalmente diferente. La diferencia más grande se percibe del lado de las expectativas. Al igual que en la siembra de semillas a campo, en los emprendimientos tecnológicos, uno espera el éxito en el sentido del desarrollo del negocio, crecimiento rápido, inmersión en nuevos mercados, etc.

Se puede decir que cada paso importante son los hitos que a lo largo del tiempo que se van cosechando, quizás al final del ciclo de vida del negocio, puede darse cuando los fundadores deciden desprenderse de su negocio, lo que implica la salida del mismo con la consecuente venta de su participación accionaria. Como hito final, representaría la cosecha.

Lamentablemente en Córdoba el capital semilla es escaso, hay poco conocimiento es este tipo de inversiones y mucha desconfianza asociado al riesgo implícito. Esto se ve agravado por la crónica situación económica que caracteriza a nuestro país desde hace décadas. Aún así, los inversores son una pieza clave para el desarrollo de este tipo de emprendimientos, que por su insipiencia y falta de activos nunca conseguirían financiación.

En este contexto, en nuestra provincia, sólo hay un puñado de aceleradoras o fondos, y algunos inversores ángeles, por lo tanto, es muy importante que la cultura inversora pueda acompañar a la cultura emprendedora que nuestra provincia tiene, por ende, hay un camino muy largo por recorrer.

La escasez de inversores no se condice con la capacidad emprendedora, ni con el potencial de nuestra provincia, es como tener campos productivos ociosos que nadie quiere cultivar. La diferencia más notable de estas industrias, es el horizonte de las inversiones. En la industria tecnológica, el tiempo esperado para obtener retornos es en promedio, entre 5 y 7 años. Por otro lado, el campo, llamado así como industria, es muy corto placista, ya que una campaña agrícola dura 6 meses, por ende el retorno de las inversiones se esperan al final de cada campaña.

Como contrapartida al plazo, las inversiones en tecnología prometen altos retornos, con la salvedad que son muy pocas para que logran hacer la diferencia, por el contrario, la gran mayoría queda en el camino. El análisis de riesgo que hacen los inversores es muy simple, en ambos sectores pretenden lograr que su capital se incremente al cabo de meses, en caso del campo, o multiplique al cabo de años, en el caso de la tecnología. Esto es así si consideramos la inversión pura y dura, pero si sumamos los retornos intangibles, en el sector tecnológico se gana mucho aprendizaje, y es lo que enriquece al ecosistema.

Espero que desde mi posición pueda ayudar a encontrar suelo fértil para las inversiones y poder contagiar a otros inversores, quienes son los que proveerán de recursos para que los negocios evolucionen satisfactoriamente. Nuestro país necesita producir, tanto en el campo como fuera de el. Espero que nuestra ciudad siga siendo líder en sectores como el campo, la metal mecánica y la tecnología, tenemos las condiciones y el espíritu emprendedor para ser un modelo a seguir.